Del jardí bell de València
és Ayelo ermosa flor
que escampa, arreu, les fragàncies
que despedeix lo seu cor
Miguel Ferrándiz . "Himne a Ayelo"


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viernes, 31 de julio de 2026

Folklore ayelense que es ya historia. Per Mª Angeles Belda (Programa festes 1976)

 

En la VIII Asamblea de Cronistas Oficiales del Reino de Valencia, celebrada en octubre de 1970, el cronista de Puebla de Farnals aportó una ponencia sobre Folklore Valenciano, que fue secundada por interesantes comunicaciones de los cronistas de Moncada, Salem, Ayora, Picasent, entre otros. En estas comunicaciones se exponían las costumbres típicas de estas localidades, tales como fiestas mayores, gastronomía, romerías, juegos y danzas populares, cuyo estilo y técnica tan parecidas son en los diferentes pueblos de nuestro Reino, donde aún hoy se practican.

Hoy vamos a dedicar estas líneas a esas danzas populares, que constituyen una interesante manifestación folklórica valenciana. Importante, entre otras razones, porque en todos los tiempos y en todos los lugares la humanidad ha danzado siempre. Desde el bailarín primitivo, que en el corazón de su selva se mueve al compás de cualquier tam-tam; desde las danzas bíblicas, pasando por las juglarescas medievales, las ceremoniosas dieciochescas, hasta las trepidantes de hoy, una incontable variedad de ritmos, gestos, contorsiones, ceremonias, etc., que a modo de danza se practican confirman lo dicho.

Nuestro pueblo ha bailado siempre; el valenciano, como artista que es, creó ritmos maravillosos, danzas bellísimas que afortunadamente se conservan en muchos pueblos de la región, destacando las que tienen lugar en las fiestas mayores de Morella, Jijona, Alcudia de Carlet, Forcall, Vinaroz, Játiva, etc. Todas ellas, como creadas por el pueblo, son manifestaciones folklóricas de alto valor artístico e histórico, apreciado y admirado, no sólo por los especialistas, sino también por cualquier observador de buen gusto.

De su alta calidad puede dar idea la siguiente anécdota: En 1965, con motivo de la Feria Mundial de Nueva York, visité aquella ciudad. En el recinto de la gran Feria había, ¡cómo no!, el pabellón que España había montado como recinto de exposición y donde, además de los consabidos productos, del restaurante típico, la marisquería, la boutique de artesanía y del salón de proyecciones y conferencias, había un recinto dedicado a la exhibición de danzas españolas. Junto a las sevillanas, la jota aragonesa, la muñeira, etc., tuve el gusto y la emoción de presenciar la ejecución impecable de las danzas de Alcudia de Carlet. Una serie de chicos y chicas de este pueblo —entre los que saludé algún ex alumno mío— habían sido invitados por el Gobierno español para que bailaran en el pabellón de España y en la Feria Mundial de Nueva York; prueba del alto valor artístico-folklórico de sus actuaciones. Ni qué decir que fueron calurosamente aplaudidos.

Nosotros, los ayelenses, también hemos sido creadores de nuestras «danzas al estilo de país», como rezaban invariablemente los mono-programas (uno por cada año), que allá por los años veintitantos ejecutaba un artista local que muchos recordamos —Luis Requena Juan— y que se fijaba, invariablemente, en los muros de una de las casas «dels quatre cantons», especie, entonces, de mentidero de la villa (confluencia entre las actuales calles Primo de Rivera y José Antonio).

Las danzas se celebraban en Ayelo, durante tres días y a continuación de las dos fiestas mayores (Santísimo Cristo y San Engracio), o sea, los días 8, 9 y 10 de agosto, y servían como de transición entre el jolgorio ruidoso de las dos fechas indicadas y la reanudación de los días de trabajo normal. Formaban parte obligada del programa oficial de festejos y en ellas intervenía también el Ayuntamiento, aunque era todo el pueblo, unos como actores, otros como espectadores, el verdadero protagonista. Nunca se pudo calificar con más propiedad a nuestras danzas como fiesta popular.

Por las mañanas de estos tres días, a eso de las once, una comisión del Ayuntamiento, precedida de «tabalet i dolçaina», mecorría las calles del pueblo, deteniéndose en los domicilios de las señoras y señoritas que se sabía que eran excelentes «ballaoras» y a las que se invitaba a tomar parte activa en el festejo. Eran las que daban empaque a la fiesta, y al ser invitada para «cap de dansa» constituía una distinción que siempre recaía en una señora o señorita de cierta edad y veterana en estas lides... Cierto que todo el pueblo podía bailar, colocándose en orden inferior de salida, a las parejas invitadas, llamémosles oficiales; es decir, a la cola de las demás parejas danzantes.

Cuando llegaba la noche el pueblo entero se había congregado en la Plaza del Palacio, bien iluminada y regada, formando un gran círculo alargado, con sus sillas que habían colocado por la tarde, a veces hasta por la mañana.

Y comenzaba el festejo. El ritmo lo iniciaba el «tabalet», con un repique intermitente, monótono y pausado, a cuyo son iniciaba el baile la primera pareja o cap de dansa, a la que seguían sucesivamente todas las demás, que bailando habían de formar la «cadena; algo así como el enlace de unas parejas con otras, de forma que se cambiaba de ballaor y de ballaora, y se volvían a recuperar a la siguiente evolución. Cada tres o cuatro minutos la «dolçaina» lanzaba la música del fandango. Era el momento en que las parejas, con ganas de lucirse, interrumpían el ritmo rectilíneo de la danza, lanzándose a una coreografía más o menos personal, de pasos cortos y rápidos, como pequeños «corridos». Cuando terminaba el fandango el público prorrumpía en aplausos, si había sido bueno, o en pitos, gritos y risas, si no lo había sido, pues nunca faltaron bailadores de buen humor que se divertían y divertían a sus paisanos con sus ocurrentes pasos de danza.

Todo aquello resultaba, además de artístico, divertido, entrañable y cordial. Pero todo es ya historia. Otros modos y modas de ocupar el ocio se han sucedido aquí y en todas partes. Pero es sensible que las nuevas generaciones de ayelenses me ignoren que su pueblo fue el creador de una fiesta digna de figurar entre las más artísticas de la coreografía popular valenciana.

Valencia, junio de 1976. Mª ANGELES BELDA

domingo, 20 de noviembre de 2022

Ayelo necesita su Banda de Música. Mª Angeles Belda Soler (1982)

Cuando en nuestras Fiestas mayores, recibimos a esa cantidad de Bandas de Música que vienen a alegrarnos esos días, no podemos menos que sentir envidia de esos diminutos y encantadores pueblos que, pese a su escasa importancia demográfica, menor que la de nuestro pueblo, poseen su entidad musical, su Banda de Música, que, vista desde otro ángulo significa interés y entusiasmo por una actividad cultural que, está más allá de la música mecánica de la televisión casera y de las discotecas.

La importancia formativa de esas agrupaciones musicales, su impacto sobre la juventud, su trascendencia en el ámbito local, no está lo suficientemente valorado. Imaginemos que en Ayelo se organizara una academia, escuela o como se le quiera llamar, de música, comenzando por el solfeo, paso previo a toda ejecución musical. ¡Cuántos muchachitos y muchachitas jóvenes asistirían a ella ¡cómo nacería entre ellos la emulación y el entusiasmo que en Ayelo, aunque, actualmente soterrado, tiene una trayectoria tradicional! Porque en Ayelo, siempre hubo rasgadores de guitarras y de otros instrumentos de cuerda, siempre se cantó durante las faenas del campo, costumbre hoy, por desgracia desaparecida.

Al mismo tiempo una agrupación artística en Ayelo constituiría, dotándola de un local modestamente adecuado, un lugar para la convivencia juvenil que tanta falta hace en los pueblos de tipo medio, como sanos lugares de camaradería y esparcimiento.

Hemos dicho que en Ayelo existe tradición musical. De no haberla habido no hubiera podido crearse allá por los años veinte, su Banda de Música local, integrada por ayelenses y que desgraciadamente desapareció hace años.

Vicente Ferri Marti, el ferrer. El requinto

El que NINO BRAVO fuese un cantante de fama internacional, no fue extraño; lo llevaba en su sangre. Precisamente fue su abuelo, el iniciador de la formación de aquella primera y hasta ahora única BANDA DE MUSICA de Ayelo de Malferit. Este abuelo era Vicente Ferri Martí, el “Ferrer”, que vivía y tenía su taller en la calle de la MESTRA, hoy San Pedro y que además de ser un experto en su oficio, era músico por afición, pues sabia tocar el REQUINTO. A él se unieron otros ayelenses, que tenían nociones de tocar otros instrumentos, pero que ninguno era musico de por un arte tan maravilloso como la música.

El nombre de aquellos músicos PIONEROS nos lo facilitó un estimado amigo ayelense: Vicente Ferri. Así sabemos que:

Joaquín Castelló (alias Suchet), tocaba el SAXOFON.

Rafael Egea (alias Cagarruta), el BAJO.

Valeriano Martínez (alias Quincena), el BOMBARDINO.

Ramón Martínez (también de los Quincena), el CLARINETE.

Rafael Martí (alias Coca), la CAJA o tabalet.

Salvador Juan (el tío Bollet), los PLATILLOS. 

También formaban parte de la Banda Manuel Liñana y Miguel Requena Arabi. Todos éstos y otros más que sentimos no poder citar aquí formaron la primera y hasta ahora la única BANDA DE MUSICA de Ayelo de Malferit. La fábrica de Licores Aparici Sanz y Ortiz, colaboró en aquella ocasión pagando los instrumentos e incluso se contrató un director llama. do Ramón de Matilde que por cierto era de Montesa.

Aquel grupo entusiasta, con ánimo de perfeccionarse acudieron a D. José Ramón Juan Cerdá, entonces excelente músico y organista del pueblo, que les recomendó a su hijo Paco Juan Requena de 16 años, estudiante de Bachiller y ya buen músico. Paco Juan Requena, más tarde médico, y su amigo Manuel Liñana, organizaron una clase de solfeo para aquellos aspirantes a verdaderos músicos: con seriedad y disciplina, pues el que llegaba tarde a clase de música se le imponía una multa. Así es como se consolidó alrededor de 1914, la primera -repetimos- y única, hasta hoy, BANDA DE MUSICA DE AYELO DE MALFERIT,y que perduró hasta 1936.

Hace poco tuvimos ocasión de conversar con uno de aquellos músicos pioneros: con D. Miguel Requena Arabi. Me decía "los componentes de aquella Banda formábamos una piña; llevábamos uniforme que consistía en gorra y chaqueta blanca, y pantalón oscuro. Nos llamaban a veces para actuar en los pueblos. Una vez fuimos a Alcoy ¡y que bien lo pasamos allí! Todo esto dicho con enorme nostalgia.

Pero demos los recuerdos y consideremos lo presente.

En Ayelo existen jóvenes, que profesional o no profesionalmente, cultivan la música; quizá no sean muchos, pero reunidos podrían constituir el núcleo inicial para crear algo superior: UNA NUEVA BANDA.

Es una sugerencia que brindo a todos los jóvenes y a los maduros y naturalmente al Ayuntamiento de Ayelo y muy especialmente a su concejal de Cultura.

Se podría objetar que el primer obstáculo sea el económico. Habría que contratar a un buen maestro de música; habría que adquirir instrumento; habría que adecuar un local para esa "academia" Asociación o Club Musical de Juventud.

Pero lo que es bien cierto, y esto debiera confundirnos por no decir avergonzarnos, que una villa que ha dado al mundo un cantante excepcional -y recordemos otra vez a NINO BRAVO, -, aparezca indiferente ante una tarea tan noble y formativa, es el cultivo de la música. Confiamos que nuestra sugerencia, más o menos pronto sea recogida por lo que aún se, suele llamar "fuerzas vivas del pueblo".

Y no olvidemos que en el mundo, toda obra grande, mediana o pequeña, se inicia con una palabra "¡EMPEZAR!".


Ayelo, Mayo de 1982

Mª Angeles Belda Soler

Cronista de Ayelo


 

 

 


 


 

 

jueves, 25 de marzo de 2021

ESCOLES VELLES (1931-2021) 90 aniversari!. Dos grans protagonistes.

 


Batiste Aparici i Vicente Barber, d’ells deia la nostra cronista Mª Angeles Belda Soler:

D.Bautista Aparici ofreció un banquete a su Eminencia el cardenal y autoridades en el Palacio de los Marqueses de Malferit cedido amablemente por sus dueños (1925)

Pero una primera piedra es una sola piedra, luego había que levantar la escuela y habiendo sido nombrado alcalde de Ayelo D. Vicente Barber, consiguió dar un ritmo acelerado a las obras comprometiendo al vecindario con aportaciones de jornales y materiales hasta ver terminado el edificio.

En ello el Sr. Barber puso tanto calor que yo le recuerdo encaramado en una escalera dirigiendo la parte central del edificio como un obrero más.

LAS GENERACIONES PRESENTES DE AYELENSES DEBEN A ESTOS DOS HOMBRES EL CÁLIDO AGRADECIMIENTO QUE SE MERECEN.