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| Rosario, con
sus hijos. Serían los años 30. | |
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Nació en Ayelo de Malferit, allá por 1871. Era hija de Vicente Requena y Calabuig y de Rosario Vicent Gironés, una familia acomodada
de esta localidad valenciana de la comarca de la Vall d’Albaida. Poco sabemos
de su juventud, las primeras noticias que nos han llegado de ella, es cuando se
casa con José Juan Pérez Navarro en Valencia. Tenía
entonces unos 30 años.
En esos 30 años, ella había
tenido formación, tenía una buena letra, que denota que había leído y escrito
mucho, con pocas faltas de ortografía. Se había criado en un ambiente muy
católico, y este fervor religioso le siguió toda la vida.
Una vez casada, se fue a vivir a
Moixent, y después a Enguera, y los hijos fueron llegando poco a poco. Se casó
en Valencia, un 26 de noviembre del año 1900, temprano, a las 08:00 horas de la
mañana, un lunes. Arreglaron la casa de Moixent para casarse, aunque también
vivieron un tiempo en el Arrabal, cerca del Parador, a espaldas de la acequia.
Su padre le hizo una donación de
3.000 pesetas de la época, el 25 de enero de 1903. Su familia era una familia
adinerada en Aielo. Ella tenía tierras en Aielo, sabemos que le
compro unas tierras a su padre en 1917.
Tuvo 5 hijos: José, Rosario,
Vicente, Remedios y Miguel. Hubo otro hijo, Francisco, que murió siendo
un niñito.
Juan José Julio nació un 7 de
octubre de 1901, a las 14:00 horas. Ya entonces vivían en el Parador, no obstante,
el nombre en su partida de nacimiento, siempre se le llamó José.
Rosario, nació el 23 de febrero de 1903, a las 08:00 de la mañana.
El 5 de marzo de 1905 nació Vicente Rafael, a las 23:00 horas.
El 7 de marzo de 1906, a las 03:30 horas, nació Remedios.
El 17 de octubre de 1907, a las 01:00 horas, nació Miguel Néstor.
Como ya hemos dicho, entre medio nació Paquito, y no llegó a adulto. Se ocupó de los niños y de llevar
la casa, como se hacía entonces, aunque, capacidad tenía para más, y cuando
quedó viuda, ella misma arreglaba los contratos de aparcería y se defendía con
las cuestiones legales.
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| Firma de
Rosario Requena. |
Como madre, dicen que
era más estricta que su marido y era quien les ponía en orden. Dicen también, y así me lo contaban a mí, personas que la conocieron, que
era «una señora», en el sentido de distinguida, buen trato y culta.
Destacaba entre el común de mujeres de su época.
Tenía carácter y personalidad, si tenía que decir algo, lo decía.
Contaba mi abuelo, que recién casado, subieron a la pujà, y él cogió un racimo
de uvas, y comenzó a comérselo. Su suegra le regañó: «¡¡esas uvas son
para vino!!».
Como ya he dicho, era muy religiosa, nos han
llegado de ella algunos libros religiosos, que ella compraba. Dicen que
una vez fue a confesarse en Madrid, y el confesor le preguntaba: - «¿quién
es usted?», pues estaba sorprendido de sus conocimientos.
Tuvo que pasar por quedarse viuda y sacar
adelante a la familia. Tanto ella, como su marido, defendieron a sus hijas,
para que no las faltase de nada. Ambos legaban a sus hijas solteras o
viudas el tercio de mejora, el tercio de libre disposición y 1/5 parte de
legítima. No era habitual en Valencia estas disposiciones, más aún, lo
normal, era actuar al revés.
Su carácter religioso, ocasionaba que algún disgusto
fuese más grande para ella. Le tocó vivir, en unos tiempos, en que todo
empezaba a cambiar y el ambiente religioso de las calles, se empezaba a
difuminar. La República llegó, las costumbres que venían de Europa y
América eran de más libertad y surgían fricciones, con las que habían existido
siempre. Sus hijos, vivieron esos tiempos, y algunas de las decisiones
importantes, no coincidieron con sus ideas.
Por un lado, estuvo la boda de su hijo José, la
boda fue consecuencia de un embarazo no deseado. Pilar era muy joven y de
familia humilde, y su hijo José era más mayor y de familia acomodada. Se
cuenta, que el día de la boda, ella y sus hijas fueron a la puerta de la
Iglesia a intentar disuadir a su hijo de la boda.
Hubo otra boda a la que no acudió. El
consorte de su hijo, había tenido un matrimonio previo, que acabó en divorcio,
ella no iba a bodas civiles.
Este carácter conservador, se denotaba en su
actitud cuando llegó la República. Ella y sus hijas lloraron al saber que
el Rey abdicaba y se iba al exilio.
Aportó a la familia, algunas tradiciones de Aielo,
como el «arròs amb fessols i naps» y el cuento de «la raboseta i el
compare llop».
Falleció en Madrid, fue a estar unos días con su hija,
y según contaba la abuela Rosario, le dio un «ataquito» y murió, corría
el año 1945. Ya había podido conocer a algunos de sus nietos.
La enterraron en el Cementerio de Santa María en
Madrid. Su hija Rosario, tenía pena de que estuviese enterrada allí, prefería
que estuviese en Moixent, con su marido, pero su pequeña pensión no se lo
permitía. Ese lamento, lo guardé para mis adentros, esperando a que lo
pudiera hacer yo. Años después, me acordé de aquel lamento, pregunté en el
cementerio, e hicimos las gestiones para traerla al pueblo, mi madre lo
sufragó. Ahora está enterrada junto a su marido y su hija Remedios. Mirando
a Moixent, y mirando a Aielo, algún día les hacemos una visita.