Del jardí bell de València
és Ayelo ermosa flor
que escampa, arreu, les fragàncies
que despedeix lo seu cor
Miguel Ferrándiz . "Himne a Ayelo"

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jueves, 14 de octubre de 2010

La heroica muerte de Pedro de Malferit (1ª parte)

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Escudo de los Malferit en la fachada principal del Palacio. Foto:Arxiu Fotogràfic Biblioteca Degà Ortiz



PEDRO DE MALFERIT
(Ayelo de Malferit, ca. 1540 - Túnez, 1574)
Su muerte heroica en el año 1574 defendiendo la fortaleza de
Junes, en la ciudad de Túnez, del ataque de los turcos

por Fernando Goberna


INTRODUCCIÓN

En octubre del año 2002 estuve consultando el expediente de títulos nobiliarios de los Malferit, el cual se encuentra en el Archivo del Ministerio de Justicia sito en la calle de San Bernardo en Madrid. Entre los documentos que contenía el legajo encontré unas declaraciones hechas en Valencia, en 1577, por dos testigos de la muerte de un tal Pedro de Malferit el cual era tío de Juan de Malferit, señor de Ayelo en ese año. Ambos, los testigos, habían estado presentes en las sangrientas batallas que tuvieron lugar como consecuencia de los sucesivos asaltos de los turcos a la fortaleza de Junes, en la ciudad de Túnez entre los meses de julio y septiembre de 1574, la cual estaba defendida por los cristianos. Dichas declaraciones, hechas en Valencia, como he dicho, bajo juramento en presencia de un escribano, del gobernador de la ciudad de Valencia y su Reino y del propio D. Juan de Malferit, tuvieron lugar, por lo tanto, tres años después de aquellos hechos, y el motivo de las mismas era que, mediante sentencia, se diera por muerto a su tío D. Pedro, el cual había sido el tutor y curador suyo y de sus hermanos cuando eran menores de edad y, además, porque su padre, Jaime de Malferit, señor de Ayelo y hermano mayor de Pedro, lo había mencionado en su testamento como uno de los posibles sucesores del señorío de Ayelo tal y como a continuación comentaré.

Pero, ¿cómo había llegado Pedro a tierras de la Berbería y porqué se encontraba en 1574 defendiendo dicha fortaleza en la ciudad de Túnez?. Lo que luego fui averiguando me llevó a pensar que dos años antes de morir heroicamente en la defensa de dicha fortaleza, pudo participar, además, en la célebre batalla del estrecho de Lepanto (Grecia) entre las escuadras cristianas y turcas, en la cual, como es bien conocido, también participó Miguel de Cervantes. Y no sólo esto, sino que coincidió asimismo, y esto sí que es seguro, con el autor del Quijote en la toma de la ciudad de Túnez por las tropas cristianas mandadas por D. Juan de Austria el año anterior al de la muerte de Pedro de Malferit, es decir , en 1573. Pero antes de llegar a estos hechos voy a mencionar los datos biográficos que conozco de este Pedro de Malferit, de origen noble y al servicio de las armas del rey Felipe II, el cual fue testigo de tan señalados acontecimientos históricos.


Palacio de los Malferit, actualmente sede del ayuntamiento. Fue construido sobre el antiguo castillo. Foto: Redacción del Blog


SUS ORÍGENES FAMILIARES

Pedro de Malferit debió de nacer en el castillo de Ayelo hacia 1540. Su padre, D. Francisco de Malferit señor de Ayelo, se casó dos veces. Del segundo matrimonio, que fue con una dama de Onteniente llamada Dª. Beatriz Blay, tuvo a Dª Beatriz, D. Jaime y a este D. Pedro. Por el testamento que dejó a su muerte, ocurrida hacia 1548, el señorío de Ayelo lo heredó D. Jaime, el hijo mayor de este segundo matrimonio, lo cual tuvo como consecuencia que fuera puesta una demanda, sobre derechos de sucesión, por Dª Ángela de Milá, al parecer hermana de su primera mujer, y por los hijos que había tenido en su primer matrimonio, D. Narciso, Dª Méncia y Dª María de Malferit. En el pleito que siguió a la demanda se trató de probar por éstos que esta dama de Onteniente, Dª Beatriz Blay, no había sido legítima consorte de D. Francisco; el pleito llegó incluso hasta la curia romana, y finalmente obtuvo sentencia en el año 1551, por la cual fue declarado que dicho segundo matrimonio había sido legítimo y, por lo tanto, era válido el testamento de D. Francisco en el que nombraba heredero del señorío de Ayelo a su hijo D. Jaime.

Otro hecho que cabe recordar, pues publiqué el documento en la revista de las fiestas patronales del año 1993 (Cuando en Ayelo había un "Castell") , fue la toma de posesión del señorío de Ayelo por este D. Jaime en 1555 al cumplir la mayoría de edad. Algunos años después, en 1557, el mismo D. Jaime dictó un testamento, ante el escribano Tomás Real, por el cual fundaba el mayorazgo perpetuo, de rigurosa agnación (orden de suceder en las vinculaciones cuando el fundador llama a los que descienden de varón en varón), a favor de todos los varones del linaje de los Malferit. Así pues, por el mismo, le correspondía ser el heredero a D. Juan, su hijo mayor habido del matrimonio con la ama de la nobleza valenciana Dª María Carroz (otros hijos de este matrimonio fueron D. Ramón y Dª María). Este D. Juan fue, por lo tanto, el que solicitó los referidos testimonios sobre la muerte de su tío D. Pedro, protagonista del presente escrito.

De D. Pedro, pues, podemos saber que, seguramente, había vivido en Ayelo durante su infancia, tiempo en el cual habría observado los usos y costumbres de los vasallos moriscos. En estos años el imperio Otomano estaba en su mayor esplendor y sus aliados, los corsarios de las costas de la Berbería, llegaban en ocasiones a amenazar a las poblaciones del litoral levantino; además, por entonces se sublevaron los moriscos de Granada sobre los cuales había fundadas sospechas de estar en connivencias con estos corsarios y con los moriscos levantinos. Del año 1563, durante la juventud de D. Pedro y siendo señor de Ayelo el mencionado D. Jaime su hermano, conocemos que se procedió al desarme de los moriscos de la población obedeciendo una pragmática de Felipe II (documento comentado por Dª Ángeles Belda en su libro sobre la historia de Ayelo), así pues, fueron registradas 73 casas encontrándose 7 ballestas, 60 espadas, 17 puñales, 12 cerverelles, 8 lanzas, 6 rodallas y un asbrete de ballesta. ¿Estuvo presente D. Pedro en este registro llevado a cabo en las casas de los moriscos de Ayelo?, su hermano D. Jaime sí que lo estuvo, y es muy posible que D. Pedro también.

Su hermano, este D. Jaime, en el testamento que he citado de 1557, mencionaba la posibilidad de que D. Pedro heredara el señorío siempre y cuando sus propios hijos varones no tuvieran descendencia masculina y con la condición, además, de que dicho derecho sucesorio quedaría sin validez en el caso de que D. Pedro se casara con una mujer sin estirpe de nobleza. En 1565, sin embargo, revocó esta clausula del testamento mediante un codicilio por el cual anulaba esta posibilidad de que la sucesión recayera en su hermano. No sé la causa de esta decisión, pero para ntonces es muy posible que D. Pedro tuviera ya la intención de entrar al servicio de las armas del Rey Felipe II, tal y como a continuación comentaré.


Jeireddín Barbarroja (1475-1546). Corsario turco que sirvió bajo las órdenes del sultán otomano Suleiman II. Foto: Google Imágenes


AL SERVICIO DE LAS ARMAS DEL REY

En el siglo XVI la lucha entre la cruz y la media luna, lucha que venía del tiempo de las cruzadas, tenía como escenario el Mediterráneo. El imperio otomano se hallaba en su mayor esplendor, al mismo tiempo que las costas de la Berbería estaban infestadas de piratas berberiscos. Esto había hecho que el emperador Carlos V se pusiera al frente de una escuadra que en 1535 se apoderó de Túnez, poniendo en fuga al conocido y temido corsario Barbarroja, aliado por entonces del sultán de Constantinopla Soleiman II. El resultado de esta expedición victoriosa fue la instauración en el trono de aquellas tierras de Muley Hacén con el compromiso, entre otras cosas, de liberar a los cristianos cautivos en la Berbería, de impedir la llegada a allí de moros nuevamente convertidos de Valencia y Granada y la cesión a España de las ciudades costeras de Bona y Bicerta, así como la posesión de la Goleta, una islote fortificado que protegía el golfo de Túnez.

No obstante, el corsario Barbarroja continuó con sus bajeles siendo el terror del Mediterráneo. En 1541 hubo una nueva expedición de barcos españoles e italianos, en la cual iban también tropas alemanas y caballeros de la orden de San Juan de Malta, la cual partió de Cerdeña con el objetivo de conquistar Argel, pero las sesenta galeras y más de trescientas naves de transporte de la escuadra tuvieron una tempestad que las obligó a buscar refugió en Bugía, en la costa argelina y poco después, acometidas por Barbarroja y los suyos, tuvieron que desistir de su empresa y retirarse a puertos seguros. Este corsario murió finalmente en 1546 para alivió de las poblaciones costeras y buques cristianos.
No tardó, sin embargo, en tener otro jefe corsario la escuadra berberisca, y este no fue otro que Dragut, bien conocido en Cullera, donde hoy, curiosidades del destino, tiene allí dedicada una gruta convertida en museo.


Turgut Reis (1514-1565), más conocido como Ragut. Foto: Google Imágenes


Felipe II fue coronado rey de España en 1556. Aparte de las guerras en los Países Bajos, este rey de ferviente catolicismo tuvo que hacer frente a la amenaza del imperio otomano y a su aliado, el citado corsario Dragut. Varias fueron las expediciones que trataron de vencerle, pero no fue hasta 1565 cuando este corsario encontró la muerte al ser herido en el sitió que sus barcos, juntamente con la escuadra otomana, tenían puesto a la isla de Malta, la cual fue defendida heroicamente por los caballeros de Rodas. Poco después moría también Soleiman II, y un año después, en 1566, ciñó el alfanje de los osmanlíes su sucesor Setim II.

La escuadra otomana era, sin embargo, cada vez más poderosa, lo cual hizo que amenazaran las posesiones venecianas en el mediterráneo oriental, de tal manera que en 1570 los turcos llegaron a desembarcar en la isla de Chipre, que era uno de los principales puerto que tenía la Serenísima Veneciana para su comercio. Este avance del islam inquietaba por otro lado al papa Pío V, el cual poco después fue el impulsor de la creación de una Santa Liga de los estados cristianos que pusiera freno al avance de los enemigos de la fe católica.

Así fue como España, la Santa Sede y la Serenísima Veneciana llegaron a un acuerdo, en 1571, para formar una gran escuadra que fuera al encuentro de la otomana que estaba en el Mediterráneo oriental. En abril de ese año mandó el rey Felipe II que estuvieran expeditas en Barcelona las galeras españolas que iban a formar parte de esta escuadra, para cuyo mando nombró a D. Juan deAustria, su hermanastro. Muchos fueron los nobles que quisieron ir en estas galeras para luchar contra los turcos defendiendo los estandartes reales, y probablemente D. Pedro de Malferit fuera uno de éstos, y si estoy en lo cierto, entre abril y julio de este año de 1571 llegaría a Barcelona para formar parte de tan gloriosa expedición.

El 20 de julio desplegaron las velas, en el puerto de esta ciudad, las cerca de 50 galeras, poniendo rumbo a continuación hacia Italia. El 26 del mismo mes llegaron sin novedad a Génova; después de unos días en aquella ciudad las galeras se dirigieron al sur, a la ciudad de Nápoles en donde se detuvieron del 10 al 20 del mismo mes. Otra posibilidad que creo más improbable es que Pedro ya estuviese en Italia, y más concretamente en el reino de Nápoles y Sicilia, lugares en donde ya ilustres antepasados suyos habían servido a los reyes de la Corona de Aragón.


Galera cristiana del s. XVI. Foto: Google Imágenes


Fuera como fuere lo cierto es que las galeras, probablemente con Pedro a bordo de una de estas como he dicho, llegaron a Mesina en Sicilia el 23 de agosto. En esta ciudad tenían que reunirse con las del Papa, al mando de Marco Antonio Colonna, y con las venecianas al mando de Sebastián Veniero. Cuando todos los barcos estuvieron reunidos el espectáculo, según testigos presenciales, era impresionante, pues la componían 208 galeras, 57 fragatas y otras embarcaciones hasta un total de cerca de 300 buques; a bordo de los mismos iban más de 80.000 hombres entre marinos, galeotes, soldados y ayudantes, los combatientes eran cerca de 26.000. Miguel de Cervantes, hombre de armas al servicio de Su Majestad por entonces, iba a bordo de una de las galeras de nombre Marquesa (parece ser que embarcó en la misma en Nápoles). Otros ilustres marineros como D. Juan Andrea Doria o D. Alvaro de Bazán también iban al mando de galeras españolas.

Allí en Mesina tuvo lugar la ceremonia de la toma de posesión del mando de la escuadra por parte de D. Juan de Austria. En septiembre estaba todo preparado para que partiera la escuadra, aunque una tempestad padecida por aquellos días impidió dicha partida hasta el 16 de dicho mes. Realizadas las maniobras oportunas, ese día, la escuadra desplegó las velas rumbo al encuentro de la otomana la cual, durante todo ese verano, había estado pirateando las poblaciones costeras del Adriático, y se tenía información fiable de que se encontraba refugiada en los fondeaderos del Peloponeso; así que hacia allí mandó D. Juan de Austria que fuera dirigida la escuadra.




Ali Baja (o Pasha), almirante de la flota turca en la batalla de Lepanto. "Ali Pasha llevaba en aquella batalla un gigantesco estandarte verde que le había entregado el sultán Selim y al que se llamaba «Bandera de los Califas». Llevaba bordados en oro versículos del Corán y el nombre de Dios repetido veintiocho mil veces". Fuente:Wikipedia,


El 16 de septiembre hizo escala en Corfú, día después, el 6 de octubre avistaron el golfo de Corinto y poco después el canal de Lepanto en donde esperaban encontrar la escuadra turca. Ésta, al mando de Alí Baja, estaba formada por 250 galeras a bordo de las cuales había unos 90.000 hombres, entre estos los temibles jenízaros (su poder en bocas de fuego era, sin embargo, inferior a la de la Santa Liga, pues frente a sus 750 cañones la de la Santa Liga tenía 1.800).

Por fin, en la madrugada del domingo 7 de octubre día de San Marcos, el vigía de la Real gritó: ¡una vela!, y anunció poco después la presencia de la escuadra otomana a unas doce millas de distancia. D. Juan de Austria mandó entonces izar el gran estandarte de la Liga y disponer los cañones. A mediodía estaban frente a frente ambas escuadras con sus estandartes al viento y el sonido de los pífanos, timbales y tambores. Los combatientes de la Santa Liga recibieron, arrodillados, la bendición apostólica del papa Pío V, y D. Juan de Austria prometió a los galeotes el perdón en caso de victoria. Todo estaba dispuesto.


Combate entre las naves capitanas de los dos ejercitos: la Real, mandada por D. Juan de Austria y la Sultana, bajo las órdenes de Ali Pasha. Ali Pasha murió en el combate y su cabeza fue puesta en una pica y llevada ante D. Juan.Foto: Google Imágenes


El resultado de esta célebre batalla naval es bien conocido, así como el hecho de que Cervantes recibió varias heridas y que, como consecuencia de una de éstas quedó inútil de una mano. De nuestro paisano José Ortiz y Sanz y del propio Cervantes quiero citar unos pasajes de su Historia de España y de su Quijote, en los cuales comentan como fue esta batalla.


"Puestas en órden las escuadras, hizo la turca señal de batalla, disparando un cañonazo á nuestra capitana que montaba don Juan, á que esta correspondió con otro, y desde luego comenzó la batalla por ambas partes siendo como el medio día. El estruendo, la vocería, el humo, los alaridos, los lamentos de los heridos y moribundos, que se anegaban, parecían hundir el mundo. Tres horas duraba ya la pelea sin ventaja conocida de ninguna parte, hasta que nuestra capitana abordó á la de Alí, saltando en ella los primeros don Lope de Figueroa, don Bernardino de Cárdenas y don Miguel de Moncada. Hallaron muerto a Alí, quitaron el estandarte de Mahoma, pusieron en su lugar el crucifijo, y junto a él la cabeza de Alí, levantada en una lanza. A su vista desmayaron los turcos, al oír las voces de los nuestros apellidando victoria. Huyeron al punto los que pudieron á llevar la noticia á Selim. Los enemigos muertos fueron treinta y cinco mil; los heridos innumerables; diez mil los prisioneros, y redimidos quince mil cautivos cristianos que estaban en el remo. Las galeras apresadas fueron ciento treinta. Murieron siete mil de los nuestros, y después tres mil más de las heridas."
(José Ortiz y Sanz: Compendio de la Historia de España, Madrid, 1841, libro XVIII, pp. 18 - 19).



"Digo en fin, que yo me hallé en aquella felicísima jornada, ya hecho Capitán de Infantería, á cuyo honroso cargo me subió mi buena suerte, mas que mis merecimientos: y aquel día, que fué para la christiandad tan dichoso, por que en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los Turcos eran invencibles por la mar, en aquel día digo, donde quedó el orgullo y soberbia Otomana quebrantada."
(Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha, capítulo. XXXIX. Donde el Cautivo cuenta su vida y sucesos).

La Batalla de Lepanto. Grabado de Gustavo Doré. Foto: Google Imágenes

La flota victoriosa retomó el rumbo hacia Corfú separándose, una vez allí, los barcos venecianos del resto de la escuadra, dirigiéndose éstos hacia el Adriático, mientras que los mandados por D. Juan de Austria lo hicieron hacia Mesina, ciudad a la que llegaron el primero de noviembre. La alegría, por esta victoria, en todos los pueblos y ciudades de la cristiandad fue muy grande. El papa Pío V, que al parecer estaba rezando en el momento decisivo de la batalla tuvo una premonición sobre la victoria, y el rey Felipe II, que recibió la noticia estando en el Escorial, mandó de inmediato que se cantara un 'te deúm' en la capilla de aquel monasterio.

En Mesina tuvieron una gran recibimiento, y digo tuvieron porque, como he dicho, seguramente Pedro de Malferit estaba entre los combatientes de la tropa. Cervantes, mientras tanto, ingresaba en el hospital de la ciudad para tratar de recuperarse de su heridas. A D. Juan de Austria se le hizo una gran estatua en bronce para colocarla en un lugar destacado de dicha ciudad como muestra de homenaje.

Fernando Goberna. Publicado en el Libro de Fiestas del año 2003.


2 comentarios:

  1. Mientras leo sólo pienso cuantas guerras y muertes por culpa de las religiones-

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  2. Enhorabuena Sr. Goberna. Magnifico artículo. En cuanto a Dragut de infausto recuerdo en Cullera, ¡El turismo le ha convertido en leyenda! Y bajo su nombre sanguinario, se consiguen recaudar parte de los dineros que el robó en Cullera el 25 de Mayo de 1550. Con mi admiración por su trabajo reciba mis saludos. MªCarmen. Cullera

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