Del jardí bell de València
és Ayelo ermosa flor
que escampa, arreu, les fragàncies
que despedeix lo seu cor
Miguel Ferrándiz . "Himne a Ayelo"

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lunes, 4 de junio de 2012

Homenaje a Pere Aparici i Ortiz, diputado de Aielo de Malferit en las Cortes de Cádiz



Luz Ortiz, moderadora del acto, glosó la vida de nuestro ilustre paisano.


Homenaje a Pere Aparici. 
Conmemoración de las Cortes de Cádiz y de la proclamación de la Constitución de 1812.
Aielo de Malferif, 1 de junio de 2012.


Estem ací hui per honrar i homenatjar la persona i l’obra del nostre il·lustre veí Pere Aparici i Ortiz. Un acte que fem conjuntament amb les Corts Valencianes. Comptem amb la presència del Excel·lentíssim Senyor President de les Corts, en Juan Cotino, de l’Alcalde José Luís Juan Pínter i Corporació d’aquest Ajuntament,  d’il·lustres convidats, de representants d’institucions i de  veins que han volgut  hui  ser ací.


A Pere Aparici le tocó vivir en primera persona, como protagonista, una de las épocas más importantes de nuestra historia colectiva como nación en que se inició lo que quiero sintetizar en estas dos frases:
-La sustitución del estado patrimonial por otro nuevo basado en la soberanía popular.
-La transformación de la vieja federación de reinos hispánicos en la nación que hoy conocemos como España, con sus símbolos de bandera e himno, en palabras de un gran experto historiador, Vicente Rodríguez Casado.

Esta fue una obra casi colectiva, de casi todos los españoles luchando con armas o con ideas. Pere Aparici perteneció al grupo de quienes lo llevaron a cabo mediante las ideas. Y para ponerlo de relieve aquí y ahora no he encontrado documentación mejor que la investigación realizada y publicada por mi querido amigo Fernando Goberna Ortiz, médico, escritor y notable bibliófilo de esta población.


Una imagen de la exposición "Els valencians i la Constitució de 1812", en  el salón noble del Palacio hasta el 14 de junio.

Según Goberna, Pere Aparici vivió entre 1762 y 1829, en la calle San Antonio, hijo de Vicenta Ortiz Y Antoni Aparici, labrador de Aielo. El parentesco con su tío materno,  el canónigo Josep Ortiz i Sanz (que había sido bibliotecario de Carlos III y destacado ilustrado) le permitió adquirir una formación intelectual de gran categoría. Se trasladó a Valencia y en su universidad siguió estudios de  Leyes hasta obtener el título de grado en 1783. Tras pasar las pruebas correspondientes, alcanzó un relevantísimo puesto de abogado en los Reales Consejos. En 1788 casó con Benita García Ibáñez (de Ibi) y fijaron su residencia en la valenciana plaza de san Luis Beltrán. Continúa Goberna glosando su trayectoria y pone de relieve que en 1792 fue nombrado para formar parte de la Junta de Gobierno Económica del Colegio de Abogados de Valencia. En 1796, tras ganar un concurso-oposición, obtuvo la plaza de relator de lo civil en la Real Audiencia de Valencia. Estaba ya en la cumbre de su carrera profesional.

Recordemos que en 1789 se había producido la Revolución Francesa y que, en Francia,  tras el golpe de estado del 18 de Brumario, Napoleón Bonaparte se había convertido en Primer Cónsul de la República, el  11 de noviembre de 1799. En 18 de marzo de 1804  se proclamaría emperador y daría comienzo la expansión de su personal ideario revolucionario, por medio de las armas, a toda Europa. España se sublevaría contra ello el 2 de mayo de 1808 dando inicio a la que conocemos bajo el nombre de Guerra de la Independencia. Es decir, buena parte de España no aceptaba la imposición por las armas de los nuevos conceptos aportados por Napoleón: Estado, Nación,  Soberanía Popular. Que, además, se centraron en una nueva dinastía de reyes que encabezaría José Bonaparte, hermano de Napoleón. ¿Y por qué? Porque según otro grandísimo estadista moderno e ilustrado que era el Marqués de la Ensenada, España ya poseía una “constitución”. Y lo digo entre comillas porque con ello aludía al hecho de que nuestro país tenía una organización total y real, jurídica, normalizada, efectiva y funcional, encarnada en la dinastía legítima de los Borbones, sucesora de las anteriores, Habsburgos y Trastámaras. Estaba regida por el rey Carlos IV quien tenía un sucesor, el Príncipe de Asturias Fernando, su hijo. Todos ellos habían sido secuestrados por Napoleón en Bayona, ciudad del actual País Vasco, fronteriza con Francia.


Placa conmemorativa en el patio del Palacio de los Malferit.

A criterio de los españoles en general, España no necesitaba nada, ni de la Revolución Francesa, ni de Napoleón, y había que darle a éste una lección. A criterio del grupo de los ilustrados, España y las Américas españolas debían “aggiornarse”, seguir la pauta modernizadora de Carlos III, hasta lograr una nueva forma de organización común  basada en la soberanía del pueblo. 

En este último grupo hemos de ver situado a Pere Aparici. El año 1810, iniciada la guerra contra Napoleón, fue convocado a Cádiz para representar a la ciudad de Valencia, y con arreglo a su condición de magistrado de la Real Audiencia experto en leyes, contribuir a la reorganización de reino y su imperio. Según Goberna, llegó a Cádiz alrededor del 6 de febrero de 1811, acompañado por su hijo Josep donde se incorporó a las sesiones de las Cortes. El 18 de febrero entró a formar parte de la Comisión de Poderes junto con otros diputados. Su primera realización fue un informe sobre los impuestos extraordinarios para financiar la guerra (materia primordial en la tarea de las Cortes). El 24 de abril fue elegido para ocupar una de las dos secretarías de las Cortes durante dos meses. Allí, en las cortes Constituyentes soberanas por secuestro del rey, Aparici acometió uno de los puntales de la reorganización de la España contemporánea al consagrarse al estudio de la abolición de los señoríos. 




El problema de la enfiteusis. Tal y como explica Francisco Tomás y Valiente, durante la Edad Media y mediados de la Moderna, el sistema de régimen feudal y de señoríos dio lugar a que la posesión de la tierra fuera la principal fuente de riqueza y, por tanto, una de las principales bases para la organización de la sociedad. Estamos ante un pensamiento puramente económico. Aparici se remontó a los orígenes del problema: la expulsión de los moriscos de Valencia en el siglo XVII. Vio que las tierras dejadas por ellos habían sido captados por sus señores alegando daños y perjuicios por aquella expulsión. El instrumento para repoblarlas fueron las cartas puebla que incluían la entrega de tierras y viviendas a censo enfitéutico. Pero en realidad eran propiedad de la Corona  (del Estado, en el nuevo orden) porque habían sido confiscadas a los moriscos por el rey Felipe III bajo la acusación de alta traición al monarca. Aparici derivó el tema hacia una vía jurídica en la cual cada pueblo o lugar enfitéutico solicitaba su reversión a la corona y los señores deberían presentar al pleito sus títulos de propiedad sobre dichos poblados. Y al no poseerlos, o serlo de forma poco clara e irregular, los tribunales lograron devolver la eminente propiedad, el título registral, al propietario de hecho y la Corona, en definitiva, al Estado. 

Esa, es sin duda, la gran aportación de Aparici y una de las obras señeras  de los ilustrados de Cádiz a la nueva configuración social de  España. Pues, aunque la extinción de esta figura no se produjo propiamente en 1811, ya que las medidas legislativas de las Cortes de Cádiz fueron abolidas al volver Fernando VII a España en 1814, sí se puede decir que se sentaron la bases para su declive y final extinción hacia 1890. Gracias a ella, nuestro país lograría estructurar el reino en una sencilla escala de propietarios libres todos de iguales caracteres jurídicos, a los que Javier de Burgos, mediado el siglo XIX, reuniría definitivamente en demarcaciones de pueblos y provincias. De esta forma nació nuestra España moderna.

Pero Pere Aparici no llegaría a verlo más que intuitivamente por haberlo percibido. Cansado y temeroso de la fiebre amarilla, solicitó licencia a las Cortes para retirarse dos años a Valencia, donde se reincorporó a su puesto en la Real Audiencia. Desde allí contempló cómo Fernando VII se cargaba toda la moderna legislación de la Constitución de 1812  por un decreto de 4 de mayo de 1814. Su muerte ocurrió el 25 de julio de 1829. 

Fue un hijo de Aielo, un valenciano culto y sincero en sus convicciones; el valor de su  obra es  haber contribuido a configurar la España en que hoy vivimos.







Luz Ortiz García-Bustelo.
Fotos: Mª Jesús Juan.

1 comentario:

  1. Un article de luxe per a un fill il•lustre d’Aielo.

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