Del jardí bell de València
és Ayelo ermosa flor
que escampa, arreu, les fragàncies
que despedeix lo seu cor
Miguel Ferrándiz . "Himne a Ayelo"

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jueves, 15 de diciembre de 2011

Aportación a la historia de Ayelo de M. Cap.XII



El Padre Jofré, defendiendo a un loco. Pintura de  Joaquín Sorolla. Foto: Google Imágenes.


BENEFICENCIA

Dice Almela y Vives en su obra Valencia y su Reino, al comentar la fundación en Valencia del primer manicomio del mundo (idea lanzada por fray Juan Gilaberto Jofré, en su famoso sermón, donde se dolía cómo en la calle era maltratado un loco), que la ciudad de Valencia era literalmente "muy hospitalaria". Y nosotros añadimos que muy caritativa. Y los ayelenses no lo han sido menos. Porque, desde muy antiguo, Ayelo se preocupó de sus pobres, habilitando espontáneamente lugares donde recogerlos.

Cuando nuestro pueblo apenas contaba, según Cavanilles, con 200 casas, existía un refugio para el sereno, los desvalidos del pueblo y los mendicantes que venían de paso.

Aquel refugio vino a convertirse en un incipiente asilo cuando, en 1837, un benemérito matrimonio, el compuesto por Juan Bautista Calabuig y Rita Castelló, adquirieron las casas números 1 y 3 de la calle Honda (hoy del Hospital), y después de repararlas las entregaron al Ayuntamiento para «Asilo de pobres y enfermos del pueblo y también para refugio del sereno". Salvo estas dos diminutas casas, cuya pequeñez es patente si miramos hoy el solar que ocupaban (convertido hoy en terraza), en la dicha calle Honda o del Hospital, no hemos encontrado hasta aquí noticia de que el Ayuntamiento colaborara con aportaciones de ninguna clase para el sostenimiento del incipiente asilo. Y fue durante muchos años, desde 1837 a 1882, o sea durante cuarenta y cinco año. Madoz, en su citado Diccionario, lo reconoce así: "Ayelo tiene —dice— un hospital fundado en 1840 para enfermos pobres del pueblo, sin más renta ni emolumentos que las limosnas de los vecinos."


Jardín empedrado en el que fue el solar del antiguo Hospital, en el barrio del Fondo.  
Es en el año 1881 cuando el Ayuntamiento de Ayelo toma cartas en este asunto. En sesión de 18 de diciembre se procede al primer nombramiento de un regidor síndico (como se llamaban entonces a los concejales), como depositario y administrador de aquella casa de caridad, nombramiento que recae en don Miguel Juan Bellot. El que se nombrara un administrador indica que los donativos aportados por el vecindario para el sostenimiento de aquel incipiente asilo comenzaban a ser estimables.

Al año siguiente, y en sesión de 4 de enero de 1882, el Ayuntamiento nombra a Magdalena Nadal portera y encargada de aquel asilo, con la dotación de cien pesetas al año. Esta es la primera aportación económica del Ayuntamiento para sostenimiento de aquella casa, aportación que hoy nos asombra por su pequeñez. Sin embargo, Magdalena aceptó y a ella se le entregaron, bajo inventario, los enseres y las ropas de la misma.

Y por último, en sesión de 15 de enero de 1882 se procede a la creación de la primera Junta Directiva del asilo, Junta que se amplía en 5 de marzo del mismo año, en que el Ayuntamiento declara a la institución de simple asilo a Hospital-Beneficencia, de conformidad con la Ley de 20 de junio de 1849 y Reglamento de 14 de marzo de 1852.

Según el artículo 13 del citado Reglamento, se nombra la siguiente Junta:

Presidente: D. Vicente Juan Juan, alcalde.
Vicepresidente: D. Eusebio García García, cura. Administrador: D. Miguel Juan Bellot.
Facultativo: D. Enrique Herráez Aguirre.
Regidor: D. José Galiana Rico.
Vecinos: D. Fermín Vicent Gironés y D. Valeriano Castelló Colomer.

Placa cerámica que recuerda al matrimonio fundador del viejo Asilo Hospital. Se encontraba en la fachada del antiguo edificio.

A partir del citado 5 de marzo de 1882 tenemos oficialmente creado el Hospital Beneficencia de Ayelo de Malferit. Iniciado como una creación de pura caridad de los vecinos, pasa a ser una institución oficial de carácter local.

Vamos a ver su trayectoria:

El Ayuntamiento, hasta ahora y como hemos dicho, sólo había aportado el sueldo de la portera-enfermera y las casas una y tres de la calle Honda; pero el vecindario seguía aportando donativos, a los que pronto se añadirían los legados testamentarios.

El primero y más importante fue el de las hermanas doña María y doña Rufina Sanz Belda, por testamento de 5 de octubre de 1886 ante el notario de Onteniente, don Guillermo Ruiz, legado dedicado "al establecimiento de una casa de Beneficencia en donde se recojan y alberguen a los pobres de Ayelo de Malferit". Importaba once mil seiscientas treinta y cuatro pesetas, y que, seguido por otros legados menos importantes, fueron la base económica de la fundación (en 1875 ambas hermanas habían otorgado otro testamento con el mismo legado).

La Junta de Beneficencia abre, a partir de marzo de 1882, su libro de actas. A través de su contenido vemos que la Junta no tardó mucho en entrar en conversaciones con las religiosas franciscanas que, al fin, vinieron a hacerse cargo de la institución. En el acta número 1, de 8 de marzo de 1888, se planteó el determinar si la administración de la Beneficencia la tenía que llevar el Ayuntamiento a través de un administrador, que a la sazón era don Fermín Vicent Gironés, o las monjas que iban a llegar. Se acordó que fueran las últimas, a las cuales se les entregaría la casa y efectos bajo inventario.

Entrada al edificio del Hospital Beneficencia desde los jardines del "Ensanche" en la actualidad.


La reunión de la Junta de 26 de abril de 1889 es importantísima y memorable, verdadera acta fundacional, no ya de la Beneficencia, sino del pequeño convento que iba a regirla. Esta acta nos cuenta que, bajo la presidencia del señor alcalde don Antonio Mompó Vicent, después de celebrarse en la iglesia parroquial la santa misa, oficiada por el señor cura don Eusebio García, ante un gran concurso del pueblo, ocupando la sagrada cátedra don José Fogués, profesor del Seminario Conciliar de Valencia, se hizo entrega, a tenor del acta número 1 y al Instituto de Hermanas Terciarias de San Francisco de Asís de Valencia, y en su representación, la madre general, sor Francisca de la Concepción, del edificio, enseres, administración, etcétera, quedando instalada la comunidad, compuesta de una superiora y tres hermanas.

Según lo convenido, y mediante la asignación anual por el Ayuntamiento de 850 pesetas al año, las monjas se comprometían no sólo a cuidar de la Beneficencia propiamente dicha (cuidado de enfermos, impedidos, etc.), sino a organizar una clase de párvulos gratuita para ambos sexos, naturalmente cuando el proyecto de la nueva casa se llevara a cabo. Porque, visto el local de la calle Honda por la comisión que actuaba al efecto (compuesta del señor alcalde, el señor cura y la superiora), pareció insuficiente para los fines propuestos, aceptándose sólo interinamente, acordándose levantar otro.

Preguntado don Miguel Ulldemolíns, director espiritual del Instituto Franciscano, si las monjas podrían salir por el pueblo a pedir limosna, contestó afirmativamente. Los viejos de Ayelo recordamos aquel par de monjitas que encontrábamos a veces por nuestras calles, que visitaban nuestras casas, y aquella simpática hermana Bernarda, tan pedigüeña. En todos los hogares se las atendía con algún donativo en dinero o en especies.

En 1890 se elige el emplazamiento del nuevo hospital, adquiriéndose por mil pesetas a su propietario, don Joaquín Mompó Doménech, un solar de tres hanegadas de secano, sito en las afueras del pueblo, entre el camino de les Forques y las tierras del citado señor Mompó. Y comenzaron las obras, pues... "todos los asistentes a aquella Junta deseaban cooperar a fin de que vivan con más ilustración los párvulos y más comodidad los enfermos".

El proyecto del nuevo edificio era muy ambicioso; constaba de dos plantas y se levantaron los muros hasta el final del segundo piso, interrumpiéndose las obras al cabo de ocho años, posiblemente por falta de fondos.

Pero en 9 de marzo de 1902, el alcalde, que lo era entonces don Manuel Sancho Ferri, convocó a la Asamblea General de la Junta de Beneficencia, a los principales contribuyentes del pueblo, para animarles a seguir las obras suspendidas desde hacía cuatro años. Los acuerdos fueron:

1º Declarar de carácter particular el Instituto Beneficencia, con arreglo a la legislación vigente, puesto que contaba con legados suficientes para su mantenimiento.
2º Nombrar una comisión compuesta por el alcalde, el juez municipal y los señores don Enrique Sancho Bernabeu, don Joaquín Belda Doménech, don Bautista Aparici Belda, don Bautista Mompó Vicent, don Enrique Ortiz Garrigós y don Rafael Juan Beneito. Los tres primeros como vocales natos en representación de las autoridades locales, y los restantes como interesados en los donativos, comenzando entonces las aportaciones de particulares (1).
3° Dar empuje a la continuación de las obras bajo la dirección exclusiva de la Junta.
4º Declarar anulados todos los acuerdos y contratos anteriores.


Década de 1960. Las monjas cantando con un grupo de párvulos en el patio del Hospital Beneficencia.

Las obras se terminaron en el año 1913. Y el acto de inauguración del nuevo edificio fue de lo más solemne, constituyendo para Ayelo un día de fiesta. El acontecimiento se narra en el acta número 7 de la Junta de Beneficencia, que extractamos a continuación (acta del 14-12-1913).

Terminadas las obras había que proceder a la bendición de la capilla, antes de su inauguración. El día 2 de enero fueron congregados a la puerta del nuevo hospital, tomando asiento en los bancos previamente colocados las autoridades e invitados y un gran número de vecinos. Se dio principio con la bendición de la campana, fabricada en Adzaneta, apadrinándola doña Clara Sancho Mompó y el señor alcalde; a continuación se bendijo la capilla, terminando estos actos a las cinco de la tarde.

A las ocho de la mañana siguiente la comitiva compuesta por el clero, la Junta de Beneficencia, el Ayuntamiento y numerosos vecinos se dirigieron desde la parroquia a la capilla de la Beneficencia, donde se formó la procesión para trasladar al Santísimo Sacramento, bajo palio, hasta la nueva casa. La custodia era conducida por el señor cura de Adzaneta, don Juan Bautista Colomer Satorres, natural de la villa, al que seguía el Ayuntamiento, Junta, religiosas y asilados; y por imposibilidad de hacerlo a pie (y aquí viene un detalle conmovedor), los asilados Ramón Jorge Pérez y Bautista Aparici Mompó fueron traslados en el carro del molinero Rafael Soler.

La procesión fue por la plaza del Palacio, calles de la Iglesia, de Enmedio, Mayor, hasta el nuevo hospital. Las calles estaban adornadas con arcos de papel de colores. En la nueva Beneficencia se ofició a continuación una misa cantada acompañada de armónium, que se trajo de Onteniente.

Reunidos a continuación la Junta con la superiora, madre del Corazón de Jesús, se acordó la inauguración de las clases gratuitas para párvulos de tres a siete años para el 26 de enero siguiente. El mueblaje y demás material quedaron de parte de la Junta (2).

Por último, aquel día hubo comida extra para todos los asilados.

Mª Ángeles Belda. Las fotos de las que no se cita su procedencia son del Arxiu Fotogràfic de la Biblioteca Degà Ortiz.


NOTAS:
(1) Relación de los señores donantes para la continuación de las obras del Hospital-Beneficencia de esta Villa en virtud de la suscripción abierta con tal objeto por acuerdo de la Junta de 12 de octubre de 1912.
Legado de don Bautista Mompó Vicent .................... . 5000 pesetas
Señores Belda Hermanos .........................................  1500
Hijos de don Rosendo Sancho Galiana .......................  1500
D. Bautista Aparici Belda .........................................  1000
D. Joaquín Juan Mompó ..........................................  1000
D. Jacinto Ferri Juan ................................................   375
D. Daniel Mompó Doménech ......................................  150
Señor Márques de Malferit .........................................  500
D. Bernardo Vidal Mompó .........................................  250
D. Ramón Colomer Ferri ............................................  309
D. Ricardo Sanz Ortiz ................................................  300
D. Jacinto Colomer Ferri ............................................  150
D. Juan Bautista Colomer Satorres ..............................  100
D. Fermín Belda Sanz .................................................   50
D. Rafael Juan Senabre ...............................................   50
D. Vicente Juan Senabre ..................................................50
D. Enrique Juan Senabre ..................................................50
D. José Simó Besó ...........................................................30
D. Miguel Laporta Valls ..................................................25
D. Francisco Verdú Verdú ...............................................15
D. José Ramón Juan Cerdá ...............................................15
D. Juan Bautista Bataller Calabuig ..................................15
Señores Belda Hermanos (por segunda vez) ................... 1.500
D. José Bellot Comenge ...................................................15
D. Vicente Colomer Sanz ...............................................125


(2) En 27 de enero de 1958, el Ministerio de Gobernación dictó una resolución clasificando al Hospital-Beneficencia de Ayelo, creado por doña Rita Castelló y don Juan Bautista Calabuig en 1837, al que se unió más tarde el legado de las hermanas doña María y doña Rufina Sanz Belda, establecido en su testamento mancomunado, otorgado en Ollería ante el notario señor Ribelles en 3 de marzo de 1875, como fundación benéfico-particular, con el nombre de Hospital de Beneficencia de Ayelo de Malferit, y cuya casa y bienes se inscribieron en el Registro de la Propiedad a nombre de la fundación.
Habiendo el Estado creado varias instituciones de carácter social llegó el momento en que el Hospital-Beneficencia de Ayelo ya no acogía, por inexistentes, a pobres, enfermos, ancianos desamparados, etc., retirándose entonces las Hermanas Franciscanas y quedando la guardería provisionalmente al cuidado del Ayuntamiento.
En la actualidad (1982), el edificio, sito en la Av. del Santísimo Cristo, propiedad de dicha Fundación, está esperando ser destinado a cualquier otro fin asistencial en favor del pueblo.




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